Antonio Peredo Leigue
Con disculpas al autor Miguel Ángel Asturias, utilizo este nombre para referirme a quien ha asumido el porte de un autócrata que, encerrado en su reducto, dicta sentencias ex cathedra y se indigna porque la plebe no las cumple. Tamaña soberbia, trasmitida directamente a su vocero y de la cual se contaminan también sus seguidores, ha creado un clima de tensión que se expresa en la acción de paramilitares encubiertos bajo el nombre de Unión Juvenil Cruceñista, sin que importe que sean cruceños, ni jóvenes ni, como es de suponer, respondan a una unión, salvo la del estipendio que cobran por sus desmanes.
La vieja data de esta práctica antinacional y racista, se remonta más de medio siglo. El mismo tipo de personas dispuestas a cometer atropellos, por la que cobran tarifas ya establecidas, se dio a través de nombres diversos, primero como juventud de un partido político, luego como grupos armados que manejaron su insolencia por muchos años, hasta ocupar un aeropuerto para impedir la llegada del presidente Siles Zuazo y, ahora, con el propósito de impedir el proceso de cambios ratificado por el pueblo boliviano.





