Como humanidad vivimos una época de cambios globales, no solo en cuanto a la economía, sino también en cuanto a nuestro ambiente. Nuestra forma de vivir, producir y consumir nos está llevando hacia una crisis mundial que pone en peligro la sostenibilidad del planeta y de todos los que vivimos en él.
La cantidad de emisiones de gases hacia la atmósfera, provocada por las industrias y el cambio del uso del suelo, ha creado un efecto conocido como el “efecto invernadero”, el cual genera el calentamiento global. Este calentamiento, en el planeta Tierra, produce cambios en el régimen de lluvias, en el nivel del mar, en los glaciares y superficies de hielo del planeta, amenazando a la estabilidad de los ecosistemas.
Por ejemplo, los efectos del cambio climático en nuestro país, son varios: el incremento de las temperaturas promedio provocará una aceleración de los procesos de desertificación en el Altiplano y el Chaco; perderemos glaciares tropicales, como el caso de Chacaltaya, que son importantes reservorios de agua para poblaciones urbanas y rurales; se incrementarán los eventos climáticos extremos, sequías más prolongadas y lluvias más concentradas que harán más vulnerable la base productiva, la seguridad alimentaria y la infraestructura del país; de igual manera, se incrementará el riesgo de enfermedades tropicales.
El bioma de la Amazonía será uno de los más afectados por el incremento de la temperatura, donde se prevé la conversión de sus ecosistemas con la consecuente pérdida de capacidades para la regulación del clima, lo cual afectará por ejemplo, el régimen pluviométrico y la vulnerabilidad de los bosques a los incendios, en áreas aledañas como Bolivia y la Chiquitania en particular.
Gran parte de los daños causados a la salud del planeta, ya no tienen remedio. Lo que se espera lograr es básicamente una estabilización de las condiciones mínimas climáticas que permitan la continuación de la vida bajo un escenario altamente impactado. Está en nuestras manos, como sociedad, gobiernos y sector privado, cambiar nuestras prácticas de producción, consumo y vida para enfrentar y mitigar los efectos del cambio climático.
Globalmente, podemos trabajar en dos líneas: la mitigación y la adaptación. La mitigación se refiere a las acciones conducentes a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto implica que los países desarrollados, responsables por el 85% de las emisiones globales, reduzcan sus emisiones en 50% en referencia al año 90 y que transfieran tecnología y recursos financieros a los países en vías de desarrollo, responsables por el 15% de las emisiones totales.
La adaptación se refiere a la aplicación de acciones que reduzcan la vulnerabilidad de sectores productivos y de la biodiversidad a los efectos del cambio climático, esto incluye mejorar las prácticas agrícolas, usar el agua más eficientemente, proteger corredores de conectividad entre ecosistemas y otros.
Lógicamente, este esfuerzo no puede ser llevado adelante por una sola nación o un grupo de naciones, debe ser llevado adelante por todos los países del planeta, cada uno en función a su responsabilidad ambiental y a su compromiso para resolver el problema global.
La Convención Marco de las Naciones Unidades sobre Cambio Climático es el marco político global para lograr acuerdos en cuanto a acciones conducentes a reducir los efectos del cambio climático y tomar medidas para mitigarlo. Uno de sus instrumentos más conocidos es el Protocolo de Kyoto, vigente hasta el 2012, por el cual la mayoría de los países industrializados se comprometieron a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). En 2007, en Bali, las Partes establecieron una “hoja de ruta” para construir el nuevo régimen internacional de cambio climático que deberá entrar en vigor a partir del 2013. Este año, en Copenhague se discutirán y establecerán los pilares del nuevo régimen internacional.
Desde hace 12 años, la Fundación Amigos de la Naturaleza está dedicada a desarrollar métodos y esquemas para reducir las emisiones por la deforestación y degradación (REDD) del bosque. REDD es un mecanismo de mitigación del cambio climático y de conservación del bosque. FAN junto con el Gobierno de Bolivia, TNC y un grupo de inversionistas extranjeros, desarrolló la primera experiencia a nivel mundial de REDD: el Proyecto de Acción Climática Noel Kempff, que logró la certificación de créditos de carbono en 2005. Actualmente, FAN en alianza con la CIDOB, CIRABO y los municipios de Riberalta y Guayaramerín, desarrolla una nueva experiencia piloto, el primer Programa Subnacional de REDD indígena, cuyo objetivo es contribuir a la mitigación del cambio climático y al aprovechamiento sostenible de los recursos maderables y no-maderables para mejorar las condiciones de vida de los pueblos indígenas y las poblaciones de la Amazonía boliviana.
Al mismo tiempo, FAN conjuntamente el Gobierno Departamental Autónomo de Santa Cruz, llevan adelante el Programa Piloto de Adaptación al cambio climático que tiene como objetivo desarrollar estrategias e implementar acciones para reducir la vulnerabilidad al cambio climático de los sectores productivos clave, poblaciones rurales y biodiversidad.
Estos ejemplos, junto a muchos otros que el Gobierno de Bolivia y otras instituciones llevan adelante, son una muestra de la necesidad y el compromiso de tomar decisiones y acciones para reducir y mitigar los efectos del cambio climático, a nivel nacional y global.

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