Armando Méndez Morales
En estos últimos años, desafortunadamente, ha surgido una ideología fuertemente indigenista, vanguardizada por gente no indígena, que quiere desconocer la historia transcurrida en más de 500 años. Quiere también destruir el poco Estado construido en la etapa republicana, a título de “descolonización”, y quieren imponer a la “economía comunitaria rural”, sobre la dominante economía de mercado que prevalece en el país. Pero esta visión ideológica es más una expresión retrograda de la inevitable desaparición de la economía comunitaria en su camino hacia la economía de mercado.
La visión indigenista parece desconocer que los bajos indicadores en Bolivia, tanto en lo económico como en lo social, se deben a la bajísima productividad económica rural y que también explica su extrema pobreza. El 90 por ciento de la población rural es pobre, y un tercio de la población total del país, que es la que vive en el campo, lo hace con el equivalente a menos de un dólar por día, que es el ingreso familiar promedio en el campo. Una familia, compuesta por cinco miembros, tiene un bajísimo ingreso y que, en promedio, equivale a 350 dólares anuales. La mayoría de la población rural no tiene suficientes ingresos para satisfacer sus necesidades básicas. Casi toda la población rural trabaja en la agricultura. Disponen de tierras que no son buenas y siembran uno o dos productos en pequeñas parcelas.
No parece que la costumbre del “ainy” y la “minka” en las “economías comunitarias”, sean modelos para imitar o para mantenerlos si se quiere que la gente viva mejor. La gente del campo con su comportamiento claramente dice que no está de acuerdo con ese “vivir bien”. Bolivia es el país de mayor crecimiento demográfico urbano en América Latina, con un 4 por ciento anual, muy por encima al promedio de la región, debido a la migración interna. El campo se vacía y se llenan las ciudades. Pero este comportamiento se ha dado en todo el mundo. De sociedades agrarias se pasó a urbanas. Las poblaciones campesinas desaparecen y se potencian las ciudades. Los problemas se trasladan del campo a la ciudad.
Se calcula que en Bolivia existen 16 mil comunidades rurales de las cuales casi la mitad tienen inseguridad alimentaria; esto implica un millón trescientas mil personas. Es el país en Sudamérica con el más alto porcentaje de población desnutrida. Se equipara a la situación de varios países africanos. Este problema se concentra fundamentalmente en la parte norte del departamento de Potosí y en todo el lado occidental de Chuquisaca, donde ocho de cada diez comunidades son vulnerables a la inseguridad alimenticia. Le sigue el sudoeste de Cochabamba. Del los 328 municipios existentes en el país, un total de 40 son los que expresan la mayor vulnerabilidad y 226 municipios tienen algún grado de vulnerabilidad.
Según un mapa de vulnerabilidad alimentaria (VAN) 166 municipios posen tierras “con potencial agrícola entre moderado y limitado” y donde un 40 % de la población sufre de desnutrición y el 85 % tiene inseguridad alimentaria. Sólo 14 de los 328 municipios tienen óptimo potencial agrícola, que cubre el 0,4 por ciento del territorio nacional y abarca el 3 por ciento de la población, y se encuentran dispersos entre los departamentos de Santa Cruz, Cochabamba y La Paz. Setenta y cinco son los municipios que tienen un potencial moderado.
Casi el 70 por ciento de los municipios existentes en el país son expulsores netos de población. Si se observa la situación de los departamentos se concluye que cinco son expulsores netos y cuatro no. Potosí, Oruro, Beni, Chuquisaca y La Paz, y en este orden, son expulsores netos de población. Potosí, es el departamento más expulsor de todos; de sus 38 municipios sólo dos son receptores y unos de ellos es la ciudad fronteriza de Villazón. Oruro también lo es, de 34 municipios sólo nueve son receptores. Extrañamente Beni también es expulsor, casi la mitad de sus 19 municipios tienen este carácter. Chuquisaca corre la misma suerte, de sus 28 municipios, solo la ciudad de Sucre es receptora de población. De los 75 municipios en los que La Paz se divide todos son expulsores de población, con excepción de los de Achocalla y, sobre todo, de la ciudad de El Alto, lo que amortigua el carácter expulsor de La Paz. En cambio los otros cuatro departamentos, comenzando por Pando, Santa Cruz, Tarija y Cochabamba y en ese orden son receptores netos de población. Pando con un indicador de migración neta de 22.2 por cada mil habitantes, con 10.9 Santa Cruz, Tarija con 7.2 y Cochabamba con 1.3. De los 15 municipios que tiene Pando solo uno es expulsor. De 50 municipios que conforman Santa Cruz sólo 17 son expulsores. En Tarija cinco municipios son expulsores de los 11 que posee. Y de 44 municipios que conforman Cochabamba 32 son expulsores.
Mientras en Bolivia mueren 235 mujeres por cada cien mil nacidos vivos en Chile sólo es de 23. Y esto es así porque el 51 por ciento de las mujeres indígenas acuden a un hospital para dar a luz, mientras lo hacen el 82 por ciento de las mujeres no indígenas. A esto se añade que la mujer indígena es vulnerable a morir porque tienen muchos hijos, vive en lugares inaccesibles, y –según los expertos- no quiere dar a luz en posición ginecológica sino en cuclillas o de rodillas como es su costumbre ancestral. Peor aún, las pocas postas sanitarias que existen el campo, que son frías, no siempre están abiertas, el médico – si hay- no tiene el equipamiento suficiente y dicen que es temeroso de atender partos.
Casi la totalidad de los municipios no tienen recursos públicos propios y los que gastan provienen de los que les transfiere el gobierno central, gracias al programa de alivio de la deuda externa denominado HIPC, por el cual Bolivia en lugar de pagar deuda externa al exterior dedica esos recursos a los municipios. También reciben recursos con cargo al impuesto a los hidrocarburos. Aunque ha mejorado la infraestructura escolar, al igual que el servicio de salud, y tienen alimentación escolar, la gente migra porque la producción agrícola no rinde. Esto quiere decir que se está construyendo infraestructura que mañana será abandonada. Se están malgastando recursos escasos.
La parte moderna de la economía boliviana se ha desarrollado en base a la explotación de los minerales, por la sencilla razón de que la naturaleza le otorgó a esta parte del mundo ventajas competitivas naturales en este rubro económico, como también le ha dado a nuestro vecino Perú. Por eso aparecieron los llamados barones del estaño que fueron heroicos empresarios que surgieron en una sociedad donde siempre el Estado ha sido débil y, por tanto, incapaz de ofrecer la necesaria seguridad jurídica a las empresas. Los empresarios mineros se comportaron como cualquier empresario racional. Al no ver otras oportunidades de inversión en el país, pero sí un permanente ambiente de expansión del nacionalismo populista y socialista, invirtieron sus ganancias allende los mares. Pero gracias a los grandes barones del estaño (Patino, Hosshild y Aramayo) importantes poblaciones del altiplano boliviano se incorporaron a la modernidad, dando nacimiento al proletariado minero. Esta gente, por primera vez, comió bien, “las tres comidas del día”, asegurando con ello un mínimo de calorías de las cuales completamente adolecían antes en sus comunidades de origen. Así surgió, por ejemplo, la ciudad de Llallagua, junto a las localidades de Catavi y Siglo XX, en el norte de Potosí, poblaciones indígenas que se integraron a la modernidad, no por una decisión política sino por una decisión de la economía de mercado. Hoy, muchos de los hijos de esos legendarios mineros son profesionales universitarios.
Todos deseamos que Bolivia cambie su perfil productivo. Es loable buscar ser un país industrial moderno con una agricultura transformada. La verdadera traba es la ausencia del desarrollo en el mundo rural, que hace que la gente, en muchos lugares, siga viviendo los tiempos del neolítico, el hábitat natural del mundo indígena. Esta es la cuestión no resuelta hasta ahora. La baja, bajísima productividad de la actividad agrícola indígena. Como diría Karl Marx, el problema fundamental de estos pueblos es el “escaso desarrollo de sus fuerzas productivas”. No es otro.
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