Víctor Hugo Quintanilla Coro
Cultura Quechua, Norte de Potosí
Hasta algunos meses atrás, la Wiphala no constituía un símbolo patrio oficial. Ahora lo es, a pesar de las horas cívicas todavía coloniales con las que se recrea la educación de las escuelas y colegios. Sin embargo, todavía no podemos decir que goce de todo el respeto (aunque discriminador), que la bandera y el escudo bolivianos tienen desde el siglo XIX. ¿Por qué?
En una de nuestras visitas al despacho del señor Ministro de Educación, observamos que la Wiphala se encontraba colocada al revés, en una pared que probablemente venía desde las “antiguas” épocas del Ministro Patzi. Increíblemente, no es otro el caso de este nuevo símbolo oficial del nuevo Estado Plurinacional, en el (¡) palacio legislativo (!) de la actual (¡) Asamblea Plurinacional (!). De las cuatro Wiphalas presentes en el frontis del edificio, tres están colgadas al revés. Al decir esto, acabamos de recordar que en la entrega de credenciales a los flamantes asambleistas, la Wiphala tampoco se encontraba correctamente presentada.
Ante estas evidentes ausencias de respeto a uno de los símbolos más valiosos de las culturas indígena-originarias del mundo andino, nuestra pregunta es simple: ¿Qué nos pasa? Hacemos la pregunta porque imaginamos que si alguien, por equivocación o a propósito, colgara la bandera tricolor al revés, las censuras o llamadas de atención no se dejarían esperar. Pero hasta ahora, y por lo referido aquí, a nadie le parece preocupar -menos a ministros y asambleistas Estado- que la Wiphala goce del mismo respeto que los restantes símbolos patrios de origen no-indígena y, por ello, colonial y monocultural.
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