RIN y desarrollo.

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Jaime Duran Chuquimia

A principios del 2011, las reservas internacionales netas del Banco Central de Bolivia (BCB) llegaron a $us 10.043 millones. En perspectiva, el 2005 alcanzaron a $us 1.714 millones y en 1989 apenas llegaban a 19 millones de dólares. Naturalmente, la ciudadanía pregunta: ¿Por qué el Gobierno no gasta semejante ahorro en reducir la pobreza?

Para responder la interrogante es preciso definir qué son las reservas. Éstas son recursos financieros en divisas producto del ahorro público y privado generado por el superávit en las transacciones cambiarias del país con el resto del mundo.

En Bolivia se acumulan reservas porque en el periodo 2006 al 2009 la inversión extranjera directa sumó $us 1.574 millones, mientras que entre el 2002 y 2005 el mismo indicador llegó a $us 661 millones. El saldo en la balanza comercial (exportaciones menos importaciones) tuvo similar comportamiento. En este camino, también ha contribuido la “bolivianización” asumida como política de Estado. Una inflación baja de 7,1% (en promedio entre 2006 y 2010) junto a la revaluación y otras medidas han hecho que los dólares que ingresan a la economía se cambien por multicolores billetes nacionales.

El problema no radica en la falta de recursos financieros para el desarrollo. Criterio que parece manejar Alejandro Almaraz al recomendar gastar las reservas. La cuestión está en la capacidad de ejecución especialmente en las administraciones regionales. No otra cosa significa que los gobiernos departamentales y municipales tengan en sus cuentas bancarias $us 1.017 millones. Las administraciones locales son las que tienen mejores posibilidades de mejorar las condiciones de vida de la población.

Lo señalado no pretende indicar que los presupuestos asignados son suficientes. En un país con una deuda social histórica, grande y heredada por la República al Estado Plurinacional se requieren muchos recursos. No obstante, es importante situar el problema actual en su dimensión justa, porque de ahí nace la recomendación. Bolivia ha sido capaz de pasar de una inversión pública de $us 629 millones (2005) a $us 2.428 millones el 2011. Financiados en casi el 70% por recursos propios. Por tal motivo, no es correcto indicar que ha faltado capital.

Se ha establecido un justo equilibrio en la administración de las reservas. Bolivia no está en el camino de la ortodoxia neoliberal que aconseja que la banca central no preste dinero al Estado ni tampoco en el camino de creer que todo se soluciona gastando más.

El Banco Central usa prudentemente sus recursos. De ahí la previsión de únicamente invertir 1/3 de las reservas (excluyendo el oro) inscrita en el artículo 10° de la Ley del Presupuesto General del Estado. Pensar que por hacer esto automáticamente se perderá este tercio es usar la lógica del adivino.

En economía quien no arriesga no gana, la clave está en administrar ese riesgo. Aspecto en el que hasta el momento el BCB se ha destacado.

Jaime Durán
es economista.