(El referendo revocatorio, no ha hecho sino, constatar - cuantitativamente - las diferencias antes que resolverlas)
Por: Eduardo Campos V. *
Con mucha expectativa e incertidumbre la ciudadanía esperó el referendo revocatorio del domingo 10 de agosto. Los resultados del mismo, expresan lo que veníamos sosteniendo. Bolivia, ha ido a las urnas para ratificar sus diferencias. Esto lo sabíamos y no hacia falta que vayamos a la prueba cuantitativa; sin embargo, los promotores de la consulta, fundamentalmente el gobierno y sus circunstanciales cómplices (los senadores de PODEMOS) abrigaban la esperanza de poder derrotar a sus adversarios mediante los votos.
Por una parte, el gobierno, pensó que era posible fracturar la fortaleza de la denominada media luna, revocando a alguno de sus prefectos; por otra, la oposición - particularmente la gente de PODEMOS - pensó que era posible infringirle derrotas al presidente Morales en los principales centros urbanos del occidente. Nada de eso ha sucedido; ni la media luna se ha fracturado, ni el electorado urbano del altiplano ha revocado a Evo Morales. Por el contrario, los votos del occidente se han concentrado en la figura del presidente Morales y los votos del oriente y sur del país lo han hecho en contra del él. Ahí radica precisamente el peligro. Se ha consolidado mediante el voto, la polarización del país que puede irresponsablemente convertirse en el argumento cuantitativo para llevarnos a escenarios de mayor violencia a las ya existentes.
Como verán el referendo revocatorio, no ha modificado sustancialmente el panorama político nacional y por el contrario lo que ha hecho, es radicalizar las posiciones encontradas que nos tienen inmovilizados como país en los últimos años. Lo que los actores políticos no fueron capaces de concertar en la asamblea constituyente y luego en los dos o tres escenarios de dialogo que se intentaron posteriormente, tampoco fue resuelto por el voto ciudadano. Claramente envés de acercarnos a escenarios de dialogo, lo que se ha hecho con el referendo revocatorio, es refrendar las diferencias, con la agravante que ahora cada posición, tiene respaldo cuantitativos (los votos).
Se trata en mi criterio de una de las mayores muestras de irresponsabilidad atribuible a los que dirigen políticamente la sociedad boliviana y una evidente prueba de la confusión política e ideológica en la que estamos muy sumidos hace varios años. Los líderes políticos de la actual coyuntura, claramente están más interesados en consolidar sus posiciones que en resolver los problemas del país y; la sociedad boliviana no acaba de entender exactamente lo que requiere para superar en nivel de sub desarrollo en el que se encuentra. En éstas circunstancia, bien vale aquella frase que dice: “Si los que dirigen no pueden encontrar el camino, no esperen que lo hagan las bases” Y claro los líderes de ambos lados, hicieron lo fácil: entregar la decisión al soberano, esperando – no se, si concientemente o no – que los votos diriman las insalvables diferencias particularmente ideológicas que nos enfrentan.
La sociedad boliviana, por un conjunto de factores, entre ellos principalmente sus problemas estructurales, tiene tremendas dificultades de identificar hacia donde moverse. Se encuentra inmovilizada entre aceptar el retorno a una economía estatista, típica de los años 50 del siglo pasado, con un fuerte predominio del estado en todos los ámbitos (centralismo) y una mezcla exótica de socialismo clásico y neo indigenismo o, avanzar en la construcción de las autonomías regionales, incorporándose plenamente al libre mercado y su integración con el mundo. Ambas opciones, vistas desde el mero ámbito ideológico, son incapaces de responder efectivamente las expectativas de los bolivianos, sobre todo, cuando se las plantea como excluyentes y dogmáticas, no haciendo otra cosa que contribuir más al enfrentamiento.
En ese escenario complejo e inmanejable, parece que lo conveniente y responsable es no ahondar más las diferencias e intentar reponer los verdaderos temas de discusión. Por ejemplo: si el propósito de fondo es dotarnos de una nueva constitución que exprese los intereses de todos ¿por qué intentar imponer la que arbitrariamente se aprobó en Oruro que es una de las principales causas del enfrentamiento?, ¿no será mejor renovar un escenario constituyente comenzando todo de nuevo, aún con los contratiempos y costos que ello supone?; Por otra parte, si el principal objetivo de la actual coyuntura es enfrentar los niveles de pobreza en los que vive la población boliviana ¿por qué el gobierno se limita a entregar bonos y no se diseñan políticas nacionales que involucren a las regiones y municipios para que de una manera efectiva y pronta se pueda reducir esa dramática situación?, ¿acaso los bonos por si solos son suficientes para resolver la pobreza?, ¿no sería mejor un gran acuerdo nacional entre todos los niveles de gobierno (central, regional, municipal) y con todas las fuerzas políticas, para impulsar un eficiente plan de lucha contra la pobreza que no sólo entregué limosnas, sino y sobre todo, resuelva los temas producción, empleo e ingresos?
Claramente, el principal factor que nos mantienen enfrentados en los últimos años, está en el ámbito ideológico. Superar ese nivel abstracto y fundamentalista y aproximarse a la realidad concreta, puede permitirnos encontrar una agenda de concertación. Los niveles de pobreza, las desigualdades, la baja producción y una precaria inserción con el mundo; así como, la desinstitucionalización, la desagregación social, el desempleo, la inflación, la falta de inversiones, etc., etc., sólo serán resultas en el marco de un gran acuerdo nacional que involucre a todos.
El éxito de los líderes, está más en resolver los problemas de los que representan, que en obtener victorias ideológicas. Ojala que los nuestros, éstos que hasta ahora nos están llevando peligrosamente al despeñadero, tengan la capacidad de revisar lo que están haciendo. Bolivia, mientras tanto, no sabe hacia donde moverse y casi por inercia se aproxima peligrosamente a mayores niveles de enfrentamiento.
Director de A. C. Cramer
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